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Las cuentas que nadie hace antes de lanzar un perfume

Y que a menudo conducen al fracaso más que el propio perfume

Cuando un nuevo proyecto de perfumería toma forma, la atención se centra casi siempre en los mismos elementos:
la fragancia, el nombre, el envase, la imagen.

Estas son las partes visibles.
Los que emocionan.
Aquellos de los que es fácil enamorarse.

Pero en la mayoría de los proyectos que no funcionan, el perfume nunca ha sido el problema.
Era lo que no se ha calculado antes.

No hablemos de errores groseros.
Hablamos de cuentas que simplemente no se hacen, como inconveniente, poco atractivo o pospuesto “hasta más tarde”.

Sin embargo, son precisamente estas cuentas invisibles las que determinan si un perfume puede convertirse en una marca sostenible o quedarse en un ejercicio creativo.

La primera cuenta ignorada: el precio que realmente acepta el mercado

Muchos proyectos parten de una pregunta equivocada: “¿Por cuánto me gustaría vender este perfume?”

La pregunta correcta es otra: “¿A qué precio es creíble este perfume para el mercado al que me dirijo?”.”

La diferencia es sutil, pero fundamental.

El precio no es una cifra que viene al final. Es una restricción de diseño que debe guiarlo todo:

  • tipo de envase

  • peso de los materiales

  • canal de venta

  • costes logísticos

  • marginalidad real

Cuando el precio se decide a posteriori, el proyecto ya es frágil.

La segunda cuenta: el coste total, no el coste unitario

Uno de los errores más comunes es fijarse sólo en el coste por pieza.

Pero un perfume nunca está solo:

  • el coste de la fragancia

  • el coste de la botella

  • el coste de la caja

Hay un coste total del sistema, que incluye:

  • restos

  • devuelve

  • repasar

  • pedidos mínimos

  • inmovilización de existencias

  • tiempo de inactividad

  • errores de previsión

Muchas marcas descubren demasiado tarde que un producto “barato” de producir es en realidad costoso de mantener en el tiempo.

La tercera cuenta: la marginalidad que de verdad importa

Un proyecto no muere porque no se venda. Muere porque vende sin margen.

La marginalidad no sólo sirve para “ganar dinero”. Sirve para:

  • absorber errores

  • reordenaciones de apoyo

  • financiación del desarrollo futuro

  • gestión de imprevistos

Cuando se comprime la marginalidad para “entrar en el mercado”, el proyecto se vuelve rígido. Y un proyecto rígido, con el tiempo, no se sostiene.

La cuarta cuenta: el canal decide más que el producto

Un perfume no tiene la misma cuenta económica cuando se vende:

  • en línea

  • en boutique

  • en perfumería selectiva

  • a través del comercio social

Cada canal tiene:

  • otros costes

  • expectativas diferentes

  • dinámicas diferentes

Diseñar un producto sin aclarar dónde se venderá realmente significa diseñar a ciegas.

El canal no es una consecuencia. Es una decisión estructural.

El quinto relato: el tiempo no es neutro

El tiempo tiene un coste. Siempre.

Cada mes extra antes del lanzamiento significa:

  • capital paralizado

  • costes fijos

  • pérdida de impulso

  • presión en la toma de decisiones

Pero lo contrario también es cierto: lanzar demasiado rápido genera errores que cuestan mucho más después.

El tiempo no debe acelerarse ni ralentizarse al azar. Debe ser diseñado.

La cuenta más infravalorada: qué pasa después de la primera tanda

Muchos proyectos funcionan en el primer lanzamiento. Y se estrellan poco después.

Porque nadie preguntó:

  • ¿qué ocurre con la reorganización?

  • ¿realmente baja el coste?

  • ¿es reproducible la producción?

  • ¿se mantiene la cadena de suministro?

Un perfume no es un acontecimiento. Es un sistema. Si el sistema no se ha pensado desde el principio, el éxito inicial se convierte en un problema, no en una ventaja.

Por qué se evitan estas cuentas

La verdad es simple: estas cuentas quitan magia.

Obligan a tomar decisiones. A renunciar. A reducir o replantearse.

Pero la magia de un proyecto no reside en ignorar los números. Está en hágalos primero, cuando aún es posible corregir el rumbo.

Conclusión

Hacer un buen perfume hoy no es difícil. Construir un proyecto que perdure sí lo es.

Las marcas que funcionan no son las que han evitado las cuentas. Son las que han tratado con ellas antes de enamorarse del resultado.

Porque en el mercado contemporáneo, la creatividad sin estructura no es libertad. Es riesgo no calculado.

Nota editorial - Insight Journal

Este artículo no es una invitación a la prudencia. Es una invitación a sensibilización.

Porque el verdadero lujo hoy no es lanzar un perfume. Es construir un proyecto que pueda seguir permitiéndose hacerlo mañana.