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Trabajar con un fundador: Raffaella

Cuando la función del perfumista no es crear una fragancia, sino orientarla

En el mundo de la perfumería, la figura del perfumista se presenta a menudo como la de un autor.
Un creador solitario. Una sensibilidad artística capaz de traducir las emociones en fórmulas.

Este relato es fascinante. Pero está incompleta.

En el proyecto desarrollado junto con Raffaella, lo que nos llamó la atención desde el principio no fue la calidad olfativa, que ya era muy alta, sino lucidez de diseño con la que abordó su papel.

No nos ha pedido que “produzcamos un perfume”.
Nos pidió que construir un sistema que hiciera ese aroma comprensible, defendible y sostenible en el tiempo.

Esta distinción lo cambia todo.

El punto de partida: no la fragancia, sino el contexto

La fragancia ya existía. Era fuerte, reconocible, técnicamente impecable.

Pero una fragancia por sí sola no es un proyecto.

Por tanto, el primer trabajo consistió en desplazar la demanda:
no “¿Qué tan bueno es?”, pero “¿en qué contexto debe vivir?”.

Trabajamos en:

  • posicionamiento real (no aspiracional)

  • gama de precios sostenible

  • público destinatario concreto

  • canales compatibles con ese tipo de lenguaje

Sólo una vez aclarados estos elementos, la fragancia empezó a “funcionar” fuera del laboratorio.

El papel del diseño como traducción, no como decoración

Uno de los puntos más delicados del proyecto fue el diseño.

No porque faltaran ideas, sino porque el riesgo de sobreinterpretar la fragancia era muy alta.

Cuando una fragancia es fuerte, el diseño puede:

  • amplifícalo

  • o traicionarla

Elegimos un camino preciso: el diseño tenía que traducir, no explicar.

Cada elección -materiales, proporciones, peso, acabado- se evaluó en función de una pregunta clave:
¿esta decisión refuerza o debilita la credibilidad del proyecto?

No buscamos la originalidad porque sí. Buscamos coherencia legible.

La producción como acto de responsabilidad

En muchos proyectos, la producción es una fase técnica. Aquí fue una fase ética.

Cada elección de producción tuvo un impacto directo en:

  • marginalidad

  • repetibilidad

  • sostenibilidad del proyecto

Trabajamos para evitar dos errores comunes:

  • la producción “demasiado ambiciosa”

  • producción “defensiva”

El resultado fue un sistema de producción sólido, que no presiona a la marca en cada nuevo pedido.

Lo que enseña el proyecto de Raffaella

Este proyecto demuestra claramente una cosa:
la madurez de una marca no depende del presupuesto, sino del calidad de las decisiones previas.

Raffaella no buscaba atajos. Aceptó la complejidad. Y la dominó.

Así es como una fragancia deja de ser un ejercicio creativo y se convierte en un proyecto creíble.