Cuando el superlujo surge de una elección radical, no de un presupuesto
Hay proyectos que nacen de las limitaciones. Y luego hay proyectos que surgen de tomar una postura.
El trabajo desarrollado para una cadena de perfumerías polaca, junto con su fundador Yuryi, pertenece inequívocamente a la segunda categoría.
Desde la primera confrontación, el objetivo se expresó con una claridad poco común:
“No me importa cuánto gaste.
Quiero crear un producto de superlujo”.”
Sin negociación previa. Sin techo psicológico. Sin buscar atajos. Sólo una petición precisa: calidad absoluta, sin compromiso.
Cuando el lujo no necesita justificación
Muchos proyectos de lujo nacen buscando un equilibrio entre ambición y prudencia. Este proyecto nació de una elección diferente: radicalidad.
El superlujo, en este caso, no iba a ser:
-
demostrado
-
explicó
-
justificado
Tenía que ser evidente. Y para ser evidente, todos los elementos del diseño -la fragancia, el envase, los materiales, las proporciones- tenían que hablar el mismo idioma.
La fragancia como base, no como variable
La primera área de comparación fue la olfativa.
Yuryi ya había recibido algunas propuestas creativas. Buenas propuestas, pero que dejaban lugar a dudas legítimas:
¿están realmente a la altura de lo que queremos construir?
En un proyecto de superlujo, la duda no es aceptable. Porque el lujo no tolera la ambigüedad.
En ese momento, la decisión estaba clara: empezar de cero.
Optamos por trabajar directamente en una nueva creatividad, desarrollada junto con una de las empresas más autorizadas del mundo en cuanto a calidad de materias primas: Givaudan.
No por el nombre. Sino por lo que ese nombre garantiza:
acceso a ingredientes del más alto nivel, rigor creativo, auténtica profundidad olfativa.
La fragancia, en este proyecto, no era “una de las partes”. Ha sido la base sobre la que se construyó todo lo demás.
El envase como objeto, no como contenedor
Una vez definida la dirección olfativa, el proyecto pasó al envasado.
El deseo de Yuryi era claro: trabajar en un vidrio cúbico, icónico, sólido, reconocible.
El cubo no es una forma sencilla. Es una forma implacable.
Cada proporción es visible. Cada defecto emerge. Cada elección se convierte en definitiva.
Precisamente por eso, es una forma que pertenece al lenguaje del lujo más consciente.
Innovación al detalle: la gorra como gesto de diseño
Uno de los elementos más distintivos del proyecto fue el desarrollo de la gorra.
No es una tapa decorativa. No un elemento accesorio. Sino un verdadero gesto de diseño.
El tapón se diseñó con una característica precisa: un orificio que permite que salga el spray, convirtiéndose en parte integrante del diseño.
El spray ya no está oculto. Ya no es sólo función. Se convierte en signo visual, elemento de identidad, innovación perceptible.
En un proyecto de superlujo, la innovación no tiene que explicarse. Debe ser descubrimiento.
El pack secundario: materia, tacto, autoridad
El trabajo en el envase no se detuvo en la botella.
El paquete secundario se trató con la misma atención radical, empezando por la elección del papel.
Para este proyecto se seleccionaron documentos de Fedrigoni, una de las papeleras italianas de mayor renombre internacional. El papel, en el lujo, no es un medio. Es un lenguaje.
Peso, textura, respuesta al tacto: todo contribuye a construir una experiencia coherente con el posicionamiento.
Cuando el cliente coge la caja, debe darse cuenta inmediatamente de que no está comprando un producto corriente.
Superlujo como consistencia absoluta
No hay un solo elemento de este proyecto que pueda calificarse de “menos importante”.
Cada elección:
-
olfativo
-
material
-
estética
-
funcional
se hizo haciendo siempre la misma pregunta: ¿esta decisión refuerza o debilita la idea del superlujo?
Cuando la respuesta no era inequívoca, se revisaba la elección.
Este es el verdadero coste del lujo. No el presupuesto. Sino el nivel de atención.
Lo que enseña el proyecto de Yuryi
Este proyecto demuestra una verdad a menudo olvidada: el superlujo no nace del exceso. Nace de precisión.
No es el resultado de una acumulación de elementos costosos. Es el resultado de una visión clara, llevada hasta sus últimas consecuencias.
Cuando el fundador está dispuesto a no transigir, el proyecto encuentra naturalmente su nivel.
Conclusión
El proyecto desarrollado con Yuryi no es interesante porque sea “muy caro”. Es interesante porque es muy claro.
Claridad de intenciones.
Despejado en la dirección.
Claridad en las elecciones.
Y es esta claridad la que distingue un producto de lujo de otro que simplemente cuesta mucho.
En el superlujo no gana el que más gasta. Gana quien elige lo mejor.
Nota editorial - Insight Journal
Este artículo no trata de materiales ni de proveedores. Habla de valor de diseño.
Porque el verdadero lujo hoy en día no es hacer algo que pocos pueden permitirse, sino hacer algo que pocos se atreverían a imaginar plenamente.